El signo que a la vez es síntoma, que puede aparecer a continuación es la irregularidad menstrual; solamente 1 de cada 10 mujeres deja de menstruar súbitamente, es decir: viene menstruando cada mes hasta que de pronto deja de aparecer la menstruación. El 90% restante atraviesa un periodo de irregularidad que en promedio dura 4 años hasta que se han acumulado 12 meses sin menstruación, en cuyo caso podremos decir que ha pasado la menopausia. Esto resalta el hecho de que menopausia sea u diagnóstico en retrospectiva, de algo que pasó, no una etapa de la vida. Lo que explica esta ausencia de menstruación es la falta de producción de hormonas sexuales, que dejan entonces de estimular el crecimiento y maduración de la capa in7terna de la matriz (endometrio), que es lo que se desprende y se elimina como sangrado menstrual cada ciclo mientras no hay embarazo, que ya no se descama. Como los cambios en sustancias químicas (neurotransmisores) que provocan la aparición de bochornos actúan en otras partes del organismo, podemos explicarnos que en esta etapa temprana sea frecuente también la aparición de taquicardia y palpitaciones (que es la sensación de que el corazón da un vuelco, como si se detuviera y empezase a latir nuevamente). Se ha encontrado también que no menos de una tercera parte de las mujeres en esta etapa temprana de los síntomas climatéricos manifiestan alteraciones en su patrón de sueño (independientemente de los despertares por bochornos), que pueden llegar al insomnio franco. Estos trastornos del dormir son de hecho de los síntomas que más frecuentemente se mencionan como casuales de disminución en la calidad de vida.
Aunque no hay una enfermedad específica en el ámbito psicológico asociado a la deficiencia de estrógenos, sí se conoce toda una gama de alteraciones ligada a ésta. En nuestro país se ha reportado que hasta poco más del 40% de mujeres en la transición a la postmenopausia cursan con depresión de grado diverso y que puede presentarse desgano, irritabilidad e inestabilidad emocional, disminución de apetito sexual (libido), sensación de inadecuación y nerviosismo; todo esto sin contar con el rechazo a los cambios en su autoimagen, que llevan muchas mujeres a desarrollar una autoestima baja o francamente a perder su autoestima.
A este respecto juegan también un papel fundamental dos aspectos: la confrontación con el envejecimiento y de la mano de esta conciencia de la posibilidad de muerte, y por otro lado la actitud del grupo social al que pertenece la mujer referente tanto al envejecimiento como a la pérdida de la capacidad reproductiva. Esta actitud de la sociedad generalmente no es muy favorable y se suma a la visión habitualmente negativa que desarrolla la mujer acerca de sí misma y magnifica el impacto que los otros síntomas puedan tener.
Se ha reportado una frecuencia alta de dolores articulares y musculares asociados a la falta de estrógenos; muchas veces se pueden demostrar. Ahora sabemos que muy probablemente esos síntomas se deban a la repercusión de la falta de hormonas sexuales sobre el tejido conectivo (colágeno entre otros) y músculos del cuerpo. Estos dolores habitualmente desaparecen una vez que se inicia el tratamiento hormonal. Al menos 1 de cada 2 mujeres sufre por la atrofia de sus genitales, manifestada por adelgazamiento del recubrimiento de la vagina, que además se estrecha y acorta. Los labios mayores y los menores se adelgazan y encogen y el clítoris se expone más de lo habitual, disminuyendo su sensibilidad también. La uretra (orificio por el que se expulsa la orina) dirige su apertura hacia abajo y atrás como consecuencia de esta atrofia, lo que la vuelve más susceptible de infectarse, al igual que la vagina. Estos cambios, combinados con la resequedad vaginal, hacen que la relación sexual se vuelva una experiencia dolorosa y muchas veces traumática, deteriorando aun más la calidad de vida de la mujer que sufre estos cambios sin recibir atención.
Como la parte final del aparato urinario se forma en el embrión femenino de la misma estructura que da origen a los genitales externos, depende como éstos de estrógenos para mantenerse en buenas condiciones y sufre atrofia cuando faltan. Una de las primeras manifestaciones urinarias es que aumenta la frecuencia con que la mujer tiene que orinar, particularmente aumentan los despertares nocturnos para vaciar la vejiga, que disminuye su capacidad. Las estructuras que dan continencia se debilitan y responden menos bien a los estímulos normales, lo que favorece la aparición o acentuación de incontinencia urinaria de esfuerzo, es decir, la pérdida involuntaria de orina al toser, estornudar, reír o cargar algo, a grados que pueden alterar el estilo de vida de alguien que puede dejar de hacer ejercicio o bailar para evitar estos escapes de orina. Otro órgano que expresa el efecto a mediano plazo de la carencia de estrógenos es la piel. Normalmente los estrógenos intervienen en el balance de la producción de colágena la hidratación de la piel; que se expresan en la tersura de la misma. Como consecuencia la piel se adelgaza, se vuelve frágil y quebradiza por la pérdida de colágeno, atrofiándose y acentuándose las líneas de expresión, dando origen a las arrugas, particularmente alrededor de los ojos y boca y en la cara anterior del cuello, que cambia además de apariencia por atrofia del músculo platisma, que separa sus ramos musculares. Estos cambios acentúan la percepción negativa que tiene la mujer de su autoimagen, alterando aun más su estado emocional.
Algunos cambios que no se ven ni se sienten en esta etapa, preparan el camino para la aparición de las consecuencias a largo plazo de la deprivación de estrógenos. Es así que se modifica en forma desfavorable la concentración y proporción de grasas en la sangre, aumentando el colesterol «malo» y disminuyendo el «bueno» lo que se traduce en mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Asimismo es en esta etapa en la que más frecuentemente se presentan enfermedades como la presión arterial elevada (hipertensión arterial) y la diabetes, que aunque no son causadas por la falta de estrógenos, esta situación hace más difícil controlarlas, volviéndose así más riesgosas. Otro órgano que es afectado por la falta de estrógenos y que no produce síntomas francos hasta que se expresan sus consecuencias, en este caso las fracturas, es el esqueleto, que desarrolla osteoporosis hasta en 4 de cada 10 mujeres postmenopáusicas sin tratamiento.
Las buenas noticias, después de haber planteado este panorama, es que todo esto tiene remedio y mucho del daño ocasionado puede detenerse y hasta revertirse, y que cada mujer puede influir en cómo viva su futuro informándose y tomando parte activa del cuidado de su salud, siempre orientada por su médico. Tener un estilo de vida sano fomentando las actividades que puedan llevarla a desarrollar una buena salud y evitando las que la ponen en riesgo (tales como el sedentarismo, fumar, beber alcohol en exceso o tener sobrepeso) son un excelente comienzo y nadie se verá más beneficiada que usted misma. Por otro lado los profesionistas de la salud que nos dedicamos a tratar el Climaterio contamos cada vez con más y mejores alternativas de tratamiento que nos permiten personalizarlo y diseñarle a cada mujer uno que se ajuste a sus necesidades, como si fuera un traje a la medida.
